
Biblia y vida
Padre Manuel Antonio Garcia Salcedo
Arquidiócesis de Santo Domingo*
EZEQUIEL: Después del destierro vendrá la vuelta, una nueva andanza por todo el desierto, un hijo de hombre recibe el Libro de Dios que debe comer, comulgar, dulce al paladar, amargo al estómago. Esta vez toda la creación de Dios, gran carruaje de vivientes, (narración de género apocalíptico o imágenes llamativas para captar la atención pedagógicamente) será la receptora de la Gloria de Dios que ha de volver al Templo Santo que una vez abandonó por culpa del pecado del Pueblo que practicaba un culto meramente externo.
El drama aquí narrado de manera literaria simbólica es la situación caótica de los grupos humanos desposeídos de todo. Los falsos profetas desorientan a los que hacen el mal como a los que se dejan guiar por ellos. Son un obstáculo para alcanzar la voluntad de Dios (capítulos 1-15). El corazón del libro puede ser el capítulo 16, la creatura recién nacida y abandonada a su suerte, necesitada del auxilio de su hacedor al que le había dado la espalda en su juventud pasada con muchas infidelidades. Un eco del profeta Oseas, que despierta la ternura y la compasión del alma más endurecida. Se anuncia la esperanza de la posibilidad de conversión para el pecador, no su muerte, y la exterminación de su pecado. Israel y Judá por igual son culpables de los crímenes realizados en la Ciudad Santa, situación que el profeta ejemplifica con la muerte natural de su esposa mientras el sacerdote profeta anunciaba el mensaje de Dios.
Los reyes extranjeros que corrompieron al pueblo también sufrirán las consecuencias de sus actos. (16-32). La última sección del libro está compuesta de imágenes apocalípticas que servirán en gran medida a la composición del libro neo-testamentario del Apocalipsis de San Juan: Los pastores de Israel que sacrificaron al rebaño por su propio interés fueron anulados de la historia, el corazón de piedra del pueblo cambiado por uno de carne, Nueva Alianza por el Espíritu de Yahvéh que hará nacer del desierto como viento de vida un valle de hijos de Dios, antes un cementerio de huesos secos. Un nuevo culto al único Dios y a su ley escrita en los corazones, un Templo nuevo que brota como un paraíso gracias al rio que lo inunda dará el fruto de un árbol con hojas medicinales y frutos de salvación, anuncios de la Iglesia, sus sacramentos y la vida de la gracia (33-48).
DANIEL: Con el último de los profetas mayores permite echar una mirada al pasado para enfrentar los desafíos del presente. Si por su extensión es uno de los Profetas Mayores, por su contenido es uno de los más tardíos. Los invasores de cultura griega con su politeísmo, culto al cuerpo físico y a la ciencia del pensamiento, así como su dominación política y económica, quisieron suplantar al Templo, al Rey Ungido, a la Fe en el Dios de Israel, Único y Verdadero. La persecución y las rebeliones se sucedieron por un largo periodo con los nativos. La manera de llevar fortaleza y sustento de la religión de los judíos fue recurrir al género literario apocalíptico, camino que no indica cosas futuras catastróficas. Es revelación de Dios que acompaña y asiste a su pueblo.
El método empleado son las imágenes, las simbologías, los personajes y los acontecimientos a gran escala que han de ser descifrados desde el mismo espacio en que fueron tomados: la cultura religiosa del Pueblo de Dios. El escenario que se elegía para las diversas narraciones, en diversos tiempos y lugares escritas, en idioma hebrero y algunos pasajes en griego, se retrotraen al tiempo del exilio en Babilonia, donde muchos miembros aventajados recibieron nombramientos de colaboración cercana con el emperador déspota, Nabucodonosor, como figura del gobernante griego que buscaba terminar con todo lo que fuera parte del Pueblo creyente que se resistía a incluir el helenismo en su estilo y creencias de vida. Volvemos a acotar que Daniel no anuncia desgracias por venir y fatalismos terroríficos. Son historias motivadoras a la fidelidad a la Alianza de Dios con su Pueblo 200 años antes de Cristo y de pasajes codificados con simbologías para denunciar la situación del momento de opresión que se sufría por los extranjeros quienes se habían apoderado de dicha nación consagrada a Dios.
Estas últimas afirmaciones se han de aplicar a las secciones y libros que fueron escritos en genero apocalíptico en la Biblia, en especial, el Apocalipsis de San Juan. El libro está agrupado en 14 capítulos. En una Biblia de traducción no católica no se encontrarán textos y capítulos que fueron escritos en griego. La primera sección del libro corresponde a las peripecias, dificultades extremas que sufre Daniel, el intérprete de sueños. Sufre hasta al extremo de casi perder la vida por mantener su fidelidad a las prescripciones alimenticias de la Antigua Alianza. Su acercamiento y colaboración con el emperador Nabucodonosor le proporciona una tensa y angustiosa calma y salvaguarda de su vida y la del Pueblo (capítulos 1-3). El tercer capítulo contiene la historia teológica-litúrgica de los 3 jóvenes echados a las llamas encendidas por negarse a adorar la estatua de bronce del emperador. El cántico presentado es usado los domingos y solemnidades para la Liturgia de Horas en la Laudes. Los delirios, locuras y megalomanía del emperador y su proyecto de dominación absoluta e injusta desencadenan que Daniel sea arrojado a la fosa fatal llena de leones, los que por la providencia y protección de aquel sobre quien reposa el Espíritu de Dios, no les harán daño (cap. 4-6).
La historia de la humanidad se desarrolla entre el surgimiento de imperios conquistadores que no logran alcanzar el beneficio deseado por Dios para los habitantes de aquellas tierras. Es necesario el Hijo del Hombre, figura retomada por los Evangelios y el Apocalipsis de San Juan para referirse a Jesucristo, Salvador y Señor Resucitado. Ante tal necesidad, Daniel hace de Sacerdote, liturgo mediador ante Dios para que perdone la falta de su Pueblo ante el juicio final inminente (7-12). Concluye la obra con la Historia de la inocente Susana acusada por dos ancianos maestros injustos, y salvada por la mediación de Daniel, quien luego enfrenta con éxito a los sacerdotes de Bel (13-14). Al final el rey adorará al Dios de Daniel. *Doctor en Teología Católica.